Igualdad y género para andar por los Caminos de la Villa

Caminar por las villas de Buenos Aires a través de tecnología cívica no sólo necesita de herramientas para visibilizar la desigualdad, también requiere de una perspectiva transversal del género, tanto de la iniciativa como de las organizaciones involucradas, para lograr un cambio social de fondo. Durante este mes comenzamos las publicaciones de los testimonios de género que se compartieron durante nuestro encuentro en Medellín con las organizaciones de las generaciones ALTEC.

Rosario Fassina de ACIJ Argentina, organización de derechos humanos que junto con Wingu – Tecnología sin fines de lucro desarrollan la iniciativa Caminos de la Villa a través de la primera generación ALTEC, compartió su testimonio sobre la experiencia de trabajo con la consultoría de género en los ejes de Ciudadanía y democracia desde la perspectiva, Transversalización del enfoque de género y Falsa neutralidad de las tecnologías.

El inicio: romper la burbuja.

Comenzamos esas charlas hablando de la interseccionalidad. Nosotras como Caminos de la Villa, somos un proyecto de generación de cartografía y de trabajo sobre cartografías en las villas de Argentina donde intentamos visibilizar los problemas de esos barrios y mejorar los canales de transparencia y participación ciudadana. Entonces uno de los primeros ejes de discusión fue la interseccionalidad cuando se cruza el ser pobre y ser mujer, y cómo eso potencia la desigualdad y vulnerabilidad en la que se encuentran esas mujeres.

Nosotros pensábamos que la agenda de género nos interpelaba más de lo realmente era. Somos una organización de 40% varones y 60% mujeres, entonces siempre lo decíamos con mucho orgullo que las mujeres tenían cargos de mayor posición en ACIJ. Y justo las 4 mujeres – tanto de Wingu como de ACIJ – que estamos a cargo del proyecto de Caminos de la Villa, las 4 veníamos con militancia feminista. Entonces fuimos medio “cancheras” con la primera reunión que tuvimos con Silvia y Alejandra (Consultoras de género de la agencia PARES) para reforzar lo bien que estábamos haciendo las cosas y de repente pincharon una burbuja de aire ¡y puf!.

Reconocer a los usuarios desde un enfoque de género.

De ahí nos empezaron a preguntar sobre quiénes son los usuarios de esta plataforma: los vecinos en general, en las reuniones además hay mucho más participación de mujeres que tienen mucho más movilización de estos espacios. Y aquí hicieron una pregunta clave que nos llevó a un camino de dudas bastante largo que fue: en el momento de la toma de decisiones en estos espacios ¿se mantiene la misma cantidad de mujeres al principio que al final de la reunión? NO. Ahí fue donde empezamos a dimensionar las problemáticas de que había un montón de mujeres y que al momento de finalizar la reunión que por lo general es cuando las decisiones se toman, las mujeres no estaban.

Y ahí empezamos a hilar tinta: ¿en qué horarios se hacían las reuniones?  ¿son las mujeres las que siempre se tienen que hacer cargo del cuidado y las tareas domésticas? Y ahí empezamos a poner los plazos temporales y empezó a ser obvio. Las reuniones comenzaban a las 6 de la tarde y terminaban a las 10:30 de la noche, y a las 8:30 desaparecían todas las mujeres. Y las tomas de decisiones se hacían cuando las mujeres tenían que ir a cumplir sus tareas de cuidados o domésticas en la casa. Eso desencadenó otras cosas que empezamos a poner en duda.

¿Qué hacemos nosotros para promover la estadía de esas mujeres en el lugar? ¿Proponemos un sistema de cuidado en las reuniones? Tampoco estamos acompañando a las mujeres para que puedan venir a las reuniones con sus hijos, que no tengan que salir corriendo.  ¿Cómo nos comunicamos con estas mujeres? ¿Qué tipo de lenguaje estamos utilizando? Empezamos a analizar nuestros documentos, invitaciones y demás talleres. En ninguno usábamos lenguaje inclusivo y nos referíamos a ellos como “vecinos” y eso empezó a poner en duda toda la base sobre la cual nos sentábamos y empezamos a buscar formas de revertir esto.

Pensamos en las dinámicas de los espacios, la toma de la palabra, cómo pensar horarios acordes a las mujeres, organizar sistemas de cuidados en estos espacios. Y esta burbuja que se reventó, al menos en el proyecto donde estábamos las 4 mujeres feministas y de sentir que lo sabíamos todo, nos hizo repensar nuestras instituciones de manera más íntegra.

Del proyecto a la organización: reventar la burbuja para los otros.

ACIJ es una organización de derechos humanos con la agenda de género siempre sobre la mesa y con un muy buen porcentaje de mujeres trabajando en la organización y demás, y sin embargo comenzamos a detectar ciertas conductas y ciertas formas de comunicar cosas que no estaban acordes a todo lo que habíamos venido reflexionando con el proyecto de Caminos de la Villa.

Entonces tuvimos que dar el otro salto. No sólo romper la burbuja para nosotras que estábamos disputando en el proyecto, sino reventarle la burbuja a todos los que trabajaban en ACIJ y en Wingu. Es decir, si hay un montón de cosas que no están buenas, no es fácil a una organización de derechos humanos tomarlos por la izquierda. No es fácil lo que estamos haciendo, hay un montón de prácticas y acciones que podríamos mejorar y cambiar, y obviamente hay que hacer mucho más acordes nuestras acciones con nuestros discursos.

Tenemos que empezar a incomodarnos a nosotros. No estar tan confiados de como somos una organización de derechos humanos damos por sentado que somos súper inclusivos y que las cosas las manejamos súper bien. Nos costó bastante. Las primeras reuniones que tuvimos éramos todas mujeres. O sea, a las que más nos interpelaba era a las mujeres, así que tuvimos que salir a convencer a los varones que ellos también tenían que formar parte de este cambio y que debían interpelarse tanto como nosotras.

Y comenzamos a tener almuerzos-staff donde empezamos a discutir desde la manera en cómo comunicarnos hasta situaciones en donde hayamos sentido que nuestra percepción de género haya modificado nuestra permanencia en algún espacio o nos haya incomodado en algunos de los espacios, ¿cómo desde ahora vamos a empezar a actuar si nos invitan a eventos o paneles? Empezar a mirar cuál es la composición del panel. Vamos a empezar a incomodar y a expresarnos sobre el asunto. Y después nosotras cómo afrontar ese lío. Éramos 25 personas en la organización y los directores diciendo “che” hay que cambiar las dinámicas de participación, la manera en la que estamos actuando. Silvia y Alejandra se sumaron y nos ayudaron con la dinámica del almuerzo.

Todo esto derivó en decir: No podemos seguir comunicándonos de la manera en la que lo estamos haciendo. Y ahí se formó un comité de escritura para armar un protocolo de cómo nos comunicamos en redes, mails, en cartas formales o en medios de comunicación para no seguir perpetuando la alienación por género.

No nombrar es no reconocer la existencia de otro, esa fue nuestra visión y desde ahí comenzamos a agarrar el sistema de comunicación de ACIJ tanto interno como externo. Y fue un camino hermoso. Fue una experiencia muy buena y seguimos. Ya tenemos el primer protocolo de ese proyecto y fue súper interesante porque se empezaron a sumar compañeros varones que empezaron interesarse en la dinámica y comenzaron a mover las estructuras.

Ahí era sacudir la estructura porque vamos con todo. Y así empezamos a romper esas estructuras y ahora estamos en un protocolo de la comunicación formal.

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