La confianza

Agustín Frizzera es Director Ejecutivo de la fundación Democracia en Red. Bonaerense, es sociólogo y Máster en Gestión Urbanística. En sus palabras, se considera “navegante de aguas inexploradas” en lo que a democracia se refiere, y está dedicado a innovar en la manera en la que esa misma democracia se vive en la región.
Fundación en Red es parte de ALTEC con DemocracyOS, una plataforma que busca facilitar la toma de decisión colectiva a través de innovar en los canales democráticos mediante tecnología.

LA CERTEZA de que el sistema democrático y el estilo de vida que lo respalda han quedado desfasados, nos puso en movimiento. Porque así, desincronizado de las costumbres, el sistema político se ha vuelto impermeable, lento e impreciso.

Si las premisas teóricas del siglo XIX caen y el puente entre representantes y representados se fractura, las personas se desafectan y dicen “si bien la democracia es el mejor sistema que conocemos, la política es inaccesible…o, peor, es una disciplina con lógica propia, ajena a la vida”.

LA PARTICIPACIÓN ciudadana irrumpió en escena, allá por los 90, como un bálsamo, como una estrategia para complementar al esquema representativo ante el nuevo panorama. Así se crearon modelos, experiencias, para fortalecer la “gobernanza” (palabra medieval, durante años abandonada). Y se regularon en muchos países de la región diversos mecanismos: audiencias públicas, iniciativas populares, presupuestos participativos, entre otros. Veinte años después, sin embargo, estas instituciones están en crisis, vaciadas, ocultas.  

LA PROMESA de la tecnología cívica llegó para recargar esos esquemas de participación, romper muros, penetrar en vida cotidiana para hacer política desde la vida social. La explosión de los dispositivos digitales, de rápida adopción en enormes multitudes, parecía sellar ese camino. Las personas, ahora a un click de distancia, sólo necesitaban herramientas para informarse, para debatir y para decidir los destinos públicos.

LA HERRAMIENTA digital DemocracyOS, que concebimos y desarrollamos en Democracia en Red, se explica por esa promesa: el sueño detrás de DemocracyOS es crear una nueva lógica operativa para el sistema democrático, es pensar un driver para más y mejor participación.

LA EXPERIMENTACIÓN, durante estos tres años de vida de DemocracyOS, en agencias de Estados Nación, en provincias, en municipios, en partidos políticos, en movimientos sociales nos llevó a matizar la pureza, la espontaneidad, de aquella promesa.  

LA VIDA es online y offline: ¿cómo es que, ahora, podremos decidir solas frente a una computadora? La participación, para que sea vinculante, debe atender a una representatividad compleja: ¿cómo se delibera online frente a contrapuntos e intereses conflictivos? ¿se expresan, en una discusión que los atañe, todos los sectores involucrados? La facilitación, clave en decisiones espinosas, opera para lidiar con las asimetrías de poder: ¿cómo se facilita cuando las reglas de la sociabilidad online son (aún) tan precarias?

LA PREOCUPACIÓN más importante tiene que ver la institucionalización de estos procesos. Sin arreglos institucionales y normativos para la incorporación de una dimensión cívica en la toma de decisiones, ninguna forma nueva de participación puede ser viable.

EL CAMBIO en el abordaje de DemocracyOS ha sido importante, y se basa en nuestros aprendizajes: ya no pensamos la herramienta digital aislada de los procesos territoriales, ya no creemos que la “educación ciudadana” es sólo una externalidad, ya no medimos su rendimiento en términos puramente cuantitativos… Quizás, hasta nos animemos a enfrentar el dilema de la representatividad con “jurados ciudadanos”, online y offline.

EL APRENDIZAJE más básico y contundente de estos años, fue entender que la apertura, con o sin representatividad, no genera legitimidad; que prometer es nada sin cumplir, que la esperanza es nada si no hay deseo. La tecnología puede actuar (con notable eficiencia) como catalizador. Pero para que un proceso de DemocracyOS funcione, el principal capital que debe ponerse en acto no es digital ni del siglo XXI, sino humano y ancestral: la confianza.

LA CONFIANZA no se compra, ni se vende; se puede manipular, pero siempre con costos; se puede construir, pero siempre con persistencia, atravesando dificultades. La confianza se nota, se percibe. La confianza se recompensa y, aún con todos los cambios en la vida cotidiana, sigue siendo la llave para deliberar.

De estos temas, de algunas de sus aristas, de todas sus palabras, hablaremos en el panel que tengo el honor de moderar en la Cumbre Regional de la Alianza de Gobierno Abierto: “La construcción de confianza entre gobierno y sociedad civil”. A partir de cuatro experiencias, en diferentes contextos (Argentina, Georgia, Costa Rica, Indonesia), buscaremos estrategias para fomentar una relación constructiva entre sociedad civil y gobierno. Dificultades, usos innovadores y el rol de la tecnología digital en la articulación de acuerdos. Lecciones aprendidas para inspirar nuevos esfuerzos de gobierno abierto en nuestros países, en nuestras ciudades.  

LA INVITACIÓN queda hecha 😉

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