Los caminos de la vida, la canción que se convirtió en una herramienta para visibilizar…

Una canción escrita por Omar Geles y popularizada por Vicentico se convirtió en una herramienta de tecnología cívica para visibilizar y empoderar a las villas de Buenos Aires, es decir a las comunidades irregulares en situación de pobreza, a través de monitoreo participativo de servicios públicos, seguimiento a las promesas de los gobiernos y construcción de mapas georreferenciados sobre poblaciones que han sido ignoradas. Esta es la historia de Caminos de la Villa, una iniciativa impulsada por Wingu y ACIJ Argentina a través de la primera generación ALTEC.

Caminos de la Villa, iniciativa seleccionada en la primera generación ALTEC en 2017 y previamente por el Fondo Acelerador de Tecnologías Cívicas para hacer posible la primera parte del proyecto, nació en 2014 a través de nuestros aliados Wingu y ACIJ Argentina para monitorear las necesidades de servicios públicos, transparentar los proyectos gubernamentales y darle voz a los vecinos que viven al interior de estas comunidades en situación de pobreza.

Para conocer más sobre el diagnóstico que detonó el surgimiento de esta iniciativa, el trabajo en campo de la tecnología cívica y la apropiación de esta herramienta para el empoderamiento de los ciudadanos, entrevistamos a Carolina Barada, codiretora de Wingu, durante su visita a México en el marco del Festival de Innovación y Tecnología Social (FITS).

Todo empezó con ACIJ en 2012, quienes trabajaban con población vulnerable en las villas y habían detectado que en estos espacios las personas no podían reclamar servicios públicos. Fue así como tejieron el primer vínculo con Wingu para desarrollar una plataforma para que los ciudadanos pudieran alzar la voz y a su vez monitorear obras públicas.

¿Cuál fue el primer reto al que se enfrentaron en el desarrollo de Caminos de la Villa?

Cuando empezamos a pensar esta idea nos encontramos que el mapa de las villas estaba vacío; eran grandes cuadrados grises y ahí caímos en cuenta que eso también era un derecho vulnerado: el derecho a domicilio. En realidad cuando uno no conoce cree que ahí hay una plaza o un parque o una gran fábrica y en realidad no, hay calles.

 

De ahí surgieron muchos problemas. Los servicios públicos – como las ambulancias – no podían ingresar al barrio porque no sabían cómo guiarlos y esto generaba una gran desigualdad con el resto de la ciudad, porque 2 cuadras más allá, las y los vecinos que vivían y estaban mapeados en los mapas tenían acceso a servicios públicos y derechos.

¿De qué manera Caminos de la Villa se retroalimenta de las experiencias y vivencias de los vecinos de las villas?

Así que el primer paso que dimos junto a ACIJ fue empezar a ir a reuniones que ya existían en los barrios. Uno de los aprendizajes fue no crear algo nuevo, sino sumarse a la dinámica que ya existe. Entonces los vecinos comenzaron a darnos feedback e ideas sobre este proyecto que en un inicio se llamaba Ciudad Integrada y no Caminos de la Villa, que fue el nombre que le dieron los vecinos de las villas.

Lo que hicimos en un inicio fue formar brigadas con los vecinos y las vecinas y con unos aparatos GPS que llevábamos en las manos fuimos recorriendo los pasillos de cada una de villas. En un inicio el proyecto empezó con un piloto para mapear 5 villas de Buenos Aires, y esas primeras nos dieron muchas lecciones, entre ellas a un aliado que nos ayudó a recorrer las villas y a conocerlas: el cartero.

A partir de este monitoreo subimos los mapas a Open Street Map y lo más importante en ese momento fue la repercusión en medios internacionales que hablaban sobre que las villas nunca más iban a ser invisibilizadas en la ciudad de Buenos Aires. Esto empezó a generar mucha presión, a pesar de que la herramienta ya estaba cargada y los vecinos podían subir fotos y hacer seguimiento sobre obras públicas.

¿Cuál fue el impacto de esta primera etapa de Caminos de la Villa?

El gobierno sumó a sus mapas oficiales algunos datos más sobre las villas, no todas y no los que nosotros recuperamos, pero eso fue un gran logro porque creemos que la presión que se generó posicionó el tema en la agenda. Y de hecho, poco a poco se convirtieron en promesas de campaña para que las villas aparecieran en los mapas oficiales.

 

Gobierno y organismos internacionales abrieron convocatorias para mapear otras villas más allá de Buenos Aires, porque es una realidad que se vive en todo el país.

 

La repercusión de darnos cuenta que hoy en día las villas son visibles es darnos cuenta que estaban invisibles. El hecho de que se haya podido concientizar a la población sobre la existencia de las villas y la presión que generó para que muchas cosas sucedan, son los grandes logros de Caminos.

¿Cuál es el rumbo de esta iniciativa con el proyecto para la urbanización de las villas?

Hace 2 años el gobierno de la ciudad de Buenos Aires anunció que iba a empezar un proceso de urbanización de las villas, es decir, que los servicios sean formales, que lleguen los servicios de agua, que las calles estén asfaltadas, que las viviendas tengan los materiales correctos, entre otras.

Las organizaciones que trabajan en las villas y los vecinos se reunieron para establecer qué pasos se deben cumplir para que una villa se considere urbanizada y pase a ser un barrio. Los acuerdos están disponibles en acuerdoporlaurbanizacion.org donde están los 10 acuerdos con indicadores precisos de lo que tiene que suceder para evitar que se anuncie que una villa está urbanizada cuando en realidad no lo está.

Frente al proceso de urbanización que también implicaba la re-localización de vecinos y vecinas, el gobierno abrió mesas participativas, pero había un problema de acceso a la información. Algunos vecinos se juntaron y armaron una carpeta muy grande con documentos para pasarla entre los vecinos para que conozcan la información.

Ahí nos dimos cuenta que había una necesidad y los vecinos nos dijeron “necesitamos usar la plataforma de Caminos de la Villa para poder monitorear esto también” y por eso hoy estamos trabajando en la segunda versión de esta iniciativa.

¿En qué consiste esta nueva etapa para Caminos de la Villa?

Esta nueva versión va a permitir seguir el avance del proceso de urbanización en cada uno de los barrios. En un inicio no se urbanizan todos, así que esta versión empieza con las 5 villas que pasarán por este proceso. La idea es cargar información sobre estas reuniones para que los vecinos puedan contarle al resto lo que se habló, se van a poder subir documentos físicos que en ese momento los van a compartir en la plataforma y no tengan que hacer una carpeta; y además las organizaciones van a trabajar para que el gobierno proporcione información sobre cada una de las obras que están involucradas para la urbanización. Así los vecinos podrán hacer monitoreo de estas obras, sus avances y próximas obras.

Otro reto de la urbanización y la gran preocupación de la sociedad civil es que estas obras solo agreguen valor a los terrenos para encarecer y generar otros proyectos inmobiliarios en lugar de mejorar la vida de las personas. Es por ello que es tan importante los procesos de monitoreo.

¿Cuál fue el impacto de ALTEC para Caminos de la Villa?

A partir del acompañamiento de ALTEC, pudimos hacer realidad la segunda versión de Caminos de la Villa, focalizada en el monitoreo del proceso de reurbanización de las villas de la Ciudad de Buenos Aires. Además, participar de la generación ALTEC nos permitió repensar los procesos de participación ciudadana, la perspectiva de género en todo el proceso de desarrollo, conocer otras iniciativas relacionadas y organizaciones trabajando en el tema de toda la región, compartiendo experiencias y aprendizajes que aportaron y aportan mucho valor al proyecto.

¿Este proyecto puede replicarse en otras ciudades?

SÍ. Caminos de la Villa tiene un manual de replicabilidad que retoma no sólo la experiencia tecnológica, sino también los procesos y aprendizajes en las villas, para que otra organización puedan implementarlo en otras ciudades.

En este camino nos dimos cuenta que hacer tecnología por hacer tecnología para que nadie la use, no sirve de nada.

Es así como nos llevamos los aprendizajes de Caminos de la Villa de la generación ALTEC para pensar en la tecnología cívica como un proceso offline que debe inscribirse en el contexto social, en las relaciones sociales y en las vivencias de las personas para que pueda tener un impacto real en la vida de los ciudadanos, en las políticas públicas y en la forma de entender y habitar las ciudades latinoamericanas donde vivimos.

Si quieres saber más sobre los avances de esta iniciativa síguenos en Twitter, Facebook e Instagram o visita las redes sociales de Wingu y ACIJ.

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