Los poderes que nos gobiernan

Autor: Sergio Arauz

“Si todos fueran buenos y virtuosos como lo dice él mismo, sería menester que el Príncipe no tuviera más reglas que la moral, ni más norte que la virtud”

Napoleón Bonaparte comentando El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo.

Casi la mitad de los miembros del Congreso salvadoreño que nacieron tras la segunda guerra mundial, pertenecen a la conocida generación Baby Boomers. Son los fundadores de los dos principales partidos políticos del país, Arena y FMLN, ambos hijos de los extremos de la guerra fría. Conviven en este pleno los protagonistas de la guerra civil salvadoreña de los ochenta. Su base de votantes, todavía, los proclama como héroes o criminales de guerra, según el bando desde donde se vea.

En resumen, las dirigencias de todos los grupos parlamentarios han gobernado el país en los últimos 35 años. Es un pleno de diputados que pregonan austeridad en un país en permanente crisis financiera. Hospitales sin doctores ni medicinas, policías sin recursos básicos ni salarios decentes y escuelas con presupuestos de Macondo -existe el caso de una que trabaja con un presupuesto anual de 30 dólares-, conviven en el mismo país en el que el Pleno de Diputados considera un derecho adquirido y natural al cargo una serie de privilegios injustificables.

Ser diputado significa entrar en la liga de personas con acceso a camionetas de 50 mil dólares; smartphones con saldo ilimitado; dos bonos anuales (700 dólares a medio año y un salario completo al final); viáticos millonarios -en algunos casos mayores que los ingresos por salario-; billetes de avión por montones y seguridad especial -guardaespaldas que en la práctica son usados como servidumbre para asuntos particulares- que este país no puede ni debería costear.

¿Y quiénes elegimos? Casi la mitad de los más de 5 millones de salvadoreños que votaron en las últimas elecciones son ciudadanos con menos de 40 años. Es decir, gente que gobierna a dos generaciones de salvadoreños muy distintas y distantes.  

De este país que tenemos nació la idea de establecer una especie observatorio legislativo. Así nace PoderEs, una herramienta digital que pretende conectar la información -datos relevantes y verificados para tomar decisiones- con los votantes de una generación que parece desencantada con la política. El Faro aspira a ser ese vehículo que pretende construir una plataforma de datos, noticias e información atractiva para los votantes. El fin último: que sea útil, que trascienda y se comparta.

El principio con el que nace PoderEs es digerir y volver atractiva información relevante para tomar decisiones. Recoger, procesar, explicar, educar. Con el ADN de periodistas, PoderEs ha construido una base de datos con jóvenes interesados en la política que no necesariamente son periodistas. Este proceso incluye trabajo con catedráticos, estudiantes de distintas universidades y líderes de organizaciones juveniles interesadas en política. 

A principios de febrero, haremos la presentación en sociedad de este proyecto.

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