Reflexiones ALTEC: fortaleciendo las capacidades y liderazgos sociales para redistribuir el poder en Colombia.

En la línea de continuar compartiendo los aprendizajes de nuestras organizaciones aliadas, ahora es el turno de Juliana Hernández y Nicolás Díaz-Cruz del Extituto de Política Abierta en Colombia. El [...]

En la línea de continuar compartiendo los aprendizajes de nuestras organizaciones aliadas, ahora es el turno de Juliana Hernández y Nicolás Díaz-Cruz del Extituto de Política Abierta en Colombia. El proyecto que implementaron, Ocupar la política, busca fomentar y aumentar la participación y representación de diversos grupos en la vida pública y el  escenario político del país. Juliana y Nicolás nos describen el proceso de desarrollo de este proyecto.

Para nosotros es un acompañamiento en 3 etapas: formación y fortalecimiento de las capacidades de liderazgo sociales y políticas de quienes buscan ocupar la política. El segundo es cómo ocupamos la política con lógicas de gobierno y política abierta. El tercero es cómo incorporar a ese plan las agendas de género y mujeres, particularmente para que logren garantizar la redistribución del poder y generar prácticas generalizadas en el ejercicio público y político. 

Nos cuentan cómo exploraron un nuevo enfoque para afrontar las problemáticas comunes:

La salud, el medio ambiente y la educación con prácticas que involucran a la ciudadanía y a las personas que se vean afectadas en este ejercicio. Eso en Colombia es bastante innovador, así suene como un espacio común de la política de representación y de redistribución del poder. Lo que hemos logrado nosotros es la representación multipartidista de múltiples liderazgos, de diversas voces encontrándose en objetivos comunes y que a la vez no son tan comunes en la política, pero generan soluciones colectivas con inteligencia colectiva que hace uso de herramientas digitales para acercar a la ciudadanía, a las organizaciones de sociedad civil y a los tomadores de decisión en este ejercicio.

¿De dónde surge la idea o necesidad de crear Extituto de Política Abierta? 

Juliana: Extituto de Política Abierta viene de un proceso anterior, donde la democracia digital era el componente principal para acercar a la ciudadanía a la toma de decisiones y a tomadores de decisión en ese momento, pero nos dimos cuenta que el liderazgo tiene distintos niveles a la hora de incidencia política. En el caso de Colombia, está muy relacionado con el tema de conflicto armado y con el tema de la binariedad; de ser de izquierda o de derecha y eso que te motiva a tener que ocupar espacios de poder. Cuando decidimos construir Extituto la pregunta principal y considerando que nuestro punto de acción era la sociedad civil organizada y los  liderazgos políticos visibles sociales y culturales. Entonces pensamos de qué forma podíamos tener mayor impacto y considerábamos que el liderazgo colectivo que se plasmaba en la organización de la sociedad civil podía tener un impacto real más eficiente, efectivo y más organizado. Contrario a si trabajamos con ciudadanía que no estaba politizada y a la que teníamos que convencer, formar y sensibilizar. 

Nicolás agrega: Realmente era entender que la democracia digital tenía enormes problemas, y puede generar más brechas en lo digital y más brechas en el ejercicio de participación. Por que excluye de entrada a sectores determinados de la población. La satisfacción de los ciudadanos es cada vez peor, la corrupción es uno de los temas que más preocupa a los países, se puede hacer un diagnóstico superficial pero nosotros queríamos enfocarnos hacia dentro, ver realmente dos cosas. Uno, los ejercicios de representación ¿cómo funcionan?, y también los ejercicios de concertación. ¿Cómo estas organizaciones llevan procesos y teorías de cambio?  Entonces a través de todas esas preguntas que nos surgían, nosotros pensábamos en como, colectivamente, llevábamos unos liderazgos a ocupar la política, y segundo punto es cómo los llevábamos a habitar desde unas lógicas abiertas. Hablamos de una política más transparente y participativa con más rendición de cuentas y más consciente del uso de tecnologías para la construcción de soluciones públicas. Es la dirección que se le debe dar al ejercicio de tecnología.

Pensando en la combinación de tecnología y participación política, ¿Cómo entendemos la innovación política desde un contexto y/o una sociedad digitalizada?

Juliana: Yo creo que nosotras hemos problematizado bastante el tema de innovación política por que es un tema muy popular en América Latina, y en Colombia en los últimos dos años ha tomado una relevancia increíble pero nadie es capaz de explicar que es innovación política y creo que el ejercicio que nosotros hicimos con Avina en el 2018, nos permite entender que la IP pasa por, uno, la redistribución del poder pero entendida desde las riquezas, la toma de decisiones, la forma organizativa, las caras que ocupan el poder y no son caras solo de mujeres sino caras negras, indígenas, LGBT. Número dos, las agendas que están ocupando el poder y puede parecer muy obvio en América Latina, que las agendas que ocupan el poder son las que trabajan medio ambiente, pero no lo son realmente. Entonces la innovación política pasa por procesos digitales y análogos. Me refiero a análogos al retomar prácticas ancestrales de América Latina: las mingas, los quilombos, hurambas, toda una cantidad de tecnologías. Es entender que en esos espacios la redistribución del poder no solamente es horizontal o vertical sino que hay una problematización del poder que también pasa por el liderazgo. Creo que a diferencia de otros países del mundo como Estados Unidos y Europa con el Brexit, o España, en América Latina se tiene una redefinición de lo que es la innovación política. Seguimos creyendo particularmente en Colombia con Extituto, que la redistribución del poder se da siempre en las mismas caras, mismas agendas pero no en las formas ni tampoco en los pueblos que deberían reivindicar eso. Por eso Ocupar la Política tiene dos patas muy importantes, una es la pata de Bogotá donde acompañamos a 20 candidaturas al concejo de Bogotá con herramientas digitales, tecnológicas y mentorías internacionales. Entendimos que es un país que está en transición a la paz y que son territorios atravesados por conflicto y que en ellos la paz tiene que ver con las mujeres, como instrumentos de guerra y cómo caras que nunca han estado presentes. Ahí es cuando tienes mujeres que están arriesgando el cuerpo para ser asesinadas, violadas, secuestradas o desaparecidas. Entendemos que las herramientas que diseñas para cada parte del poder son distintas, pero que el poder tiene un fin único y es la ocupación nacional. El poder no es hegemónico, no es homogéneo sino que tiene prácticas que tienen que adaptarse a cada territorio y cada experiencia de vida. Eso nació como un aprendizaje nuestro. Eso nos ha llevado a replantearnos cómo relacionarnos con gente que no escribe o lee. Y cómo desarrollamos esas metodologías que se acerquen a esa Colombia que tiene que ver con la parte central de  la innovación política de redistribución del poder.

Retomado las diferencias y prácticas colectivas que existen entre territorios urbanos y rurales a nivel regional, ¿Qué principales desafíos hay actualmente para las movilizaciones/colectivos sociales en la región?

Nicolás: Un desafío es cómo lograr una sincronización de agendas colectivas, lograr construir entre distintos, es decir podemos tener distintos argumentos políticos pero como realmente llegamos a construcciones (pro) comunes eso es un gran desafío. Hay procesos de agendas colectivas, (como se dan esos procesos que logren sucesos efectivos de incidencia) en el que siempre estará el tema de demandas colectivas vs individuales. Hay demandas individuales, sobre todo por que hay más concentración de riqueza en el mundo y hay demandas que sobrepasan esas colectivas y cómo logramos sincronizar pro comunes y otros modelos. Sin duda son unos de los grandes desafíos que pueden llegar a tener las movilizaciones. Cada vez se estandarizan más procesos de toma de decisión y ejercicios de lógicas colectivas. Hay que pensar cómo se generan protocolos al interior de las organizaciones que permitan transitar este tipo de lógicas.

Juliana: Frente a América Latina es muy interesante entender que la tecnología digital sigue estando corta frente a las demandas del pueblo en general. Si bien Naciones Unidas dice que el 60% de la ciudadanía está en municipalidades urbanas con acceso a internet, en el caso de Colombia, Chile y Argentina seguimos creyendo que la parte digital se queda muy corta. Es un modelo único que no contempla temas híbridos entre la parte digital y la parte de participación análoga.  Se debe evaluar cómo se resuelven conflictos, cómo te defiendes frente a las amenazas externas y creo que ese el principal reto en América Latina. ¿Cómo sacas esa movilización, ese activismo y todo lo que está pasando en las principales ciudades de AmLat a la parte rural? Al menos en Colombia el 60% está en la parte que ni siquiera es rural, es una parte en la que la gente no está en urbes conectadas a wifi y que no tienen acceso a internet pero que podrían tenerlo.  Ellos también podrían tener participación y que en ellas no se contempla a las tecnologías cívicas tradicionales. En ellas, necesitas tener acceso a wifi y tienes que tener celulares inteligentes, es acceso a un montón de cosas para poder participar. Es preguntarnos qué consideramos innovación política en territorio de América Latina que no tienen acceso a esto.

Considerando a la tecnología como una herramienta y también como un tema a resolver, ¿Cómo consideran que será el futuro de la tecnología cívica en Latinoamérica?

Nicolás: Lo más importante es poner la tecnología cívica en función de las personas, y de procesos con objetivos y “para qué’s” muy claros. En tanto que la tecnología cada vez se está utilizando mucho más para ejercicios de manipulación y de control mediática y política. Frente a eso, los grandes retos tienen que ver tanto con procesos de redistribución, de ingreso, de tecnología, de dinámicas del poder. Lo único que podemos ver en los próximos años es este gran auge de laboratorios ciudadanos, entre los muy híbridos entre desarrolladores de la organización de sociedad civil trabajando de la mano con actores del estado para producir consensos y ejercicios metodológicos. Podemos ver un mejor uso de tecnologías para poder predecir cosas. Se pueden generar políticas públicas realmente basadas en ejercicios técnicos, predictivos, en ejercicios de ciencias de la tecnología. Sí veo el futuro de la tecnología cívica puesta en ejercicio más para generar mejores políticas y mejores soluciones públicas y que este proceso se lleve a través de unos “cómos” y a través de unos “agentes” a través del territorio.

El proceso de Ocupar la política les ha permitido identificar, mapear, experimentar y diseñar nuevos enfoques y modelos, como parte del ecosistema de tecnología cívica, ¿Qué parte de la experiencia con ALTEC les ha dejado más aprendizajes? 

Nicolás: Hay un montón de aprendizajes, el primero sí es la construcción de comunidades y confianzas que son vitales para este tipo de proyectos. El segundo punto que es el de iteración, la medida en que se logra confianza con las comunidades, tienes más feedback y puedes iterar que va funcionando y que no. Entender que un curso virtual con candidatos no tendría sentido pero estrategias por notas de voz, llamadas, tener a alguien todo el tiempo pendiente y generando esos lazos. No podemos depender tanto de los procesos de tecnología que vayan a pasar así como así, sino que tienen que crearse para las personas y para el uso de las personas. En la medida en la que las organizaciones, colectivos y organizaciones sociales hagan esos procesos, las tecnologías van a ser híper utilizadas pero sino no hay un fin, no hay que crear una cultura del uso o sino no siempre va a caer en ahondar brechas y en no generar un buen proceso de la tecnología. En sí, no es poner la herramienta, esta herramienta puede ser lo mismo para los dos casos, en este caso es un chat de Whatsapp pero el cómo se trabaja con cada una de sus comunidades y cómo se construyen redes de afecto y se construyen este tipo de miradas, ese es el aprendizaje más importante de todo el proceso. Lo otorga valor, no es la hipótesis de crecer por crecer, es la hipótesis del valor del procedimiento.

Juliana: Cuando nosotros planteamos Ocupar la política, con una parte en Bogotá que es urbana, blanca, mestiza con ciertos privilegios, también entendimos que teníamos que ver otro lugar con los territorios priorizados post conflicto; con mujeres víctimas, negras, indígenas y que lo que aprendíamos por un lado de territorio, alimentaba lo que pasaba en Bogotá y viceversa. Uno de los principales desafíos fue entender cómo Liane (otro proyecto de un aliado de ALTEC), era una herramienta que funcionaba perfecto para Bogotá pero no funcionaba para muchos territorios que estábamos con mujeres. Entonces la reflexión es cómo la tecnología redistribuye, en donde y con quienes. La pregunta es realmente cómo la tecnología y la tecnología digital lo redistribuye (el poder). Hay gente que acríticamente piensa que todo lo puede generar a través de una tecnología. No se ha puesto a pensar realmente cuales son las causas del problema para buscar una solución, más allá de ir a una nueva tecnología. Después de ese paso, se puede generar todas las tecnologías que quiera, si entiendes bien el problema y cómo resolverlo.

El proyecto de Ocupar la política es un ejemplo del enfoque de inclusión de agendas, colectivos y comunidades que buscamos detonar desde ALTEC en los últimos 3 años. Los retos de nuestra región no tienen que ver sólo con la tecnología, agradecemos a Juliana y a Nicolás por reflexionar con nosotros sobre este proceso.